Comerciantes de Madrid

A principios del siglo pasado, la mayoría de los comercios madrileños estaban regentados por emigrantes de otras provincias españolas. Concretamente, las panaderías eran llevadas por comerciantes gallegos y franceses. Se trataba de hombres trabajadores como el que más, que llevaban todas sus pertenencias encima cuando salían de su tierra y llegaban a la Villa y Corte dispuestos a hacer las Américas en España.
 
El caso de Viena Capellanes es uno de ellos. En origen la empresa fue iniciativa de un industrial valenciano y de un indiano que había hecho su fortuna en América; después la heredaron unos sobrinos, los Baroja, que eran vascos; y finalmente fue adquirida por un gallego, Manuel Lence, del que descienden sus actuales propietarios, estos, sí, nacidos en Madrid.
 
En la actualidad tendemos a relacionar el pasado con inmovilismo y con la continuidad. Parece como si antaño no se trasladara la gente y también tendemos a pensar que lo que se consumía en cada localidad eran los productos de la tierra, y si acaso los famosos productos ultramarinos que venían de allende los mares.
 
Sin embargo, a poco que rastreemos el pasado nos damos cuenta de nuestro error. Era mucho más frecuente que ahora que las personas abandonaran sus lugares de nacimiento para salir a buscar fortuna o trabajo fuera de casa. También lo era que la morriña los hiciera echar de menos el chorizo o las angulas, el chocolate o el café que tomaba en su tierra, o que había probado en el extranjero, y de los que no quería prescindir. Estos productos solían venderse en las tiendas de ultramarinos y en los colmados, donde también era frecuente encontrar delicatessen y productos especializados para todo tipo de enfermedades.
 
Este género se anunciaba en la prensa local y se suministraba en las mejores tiendas de las localidades o se enviaba por correo. Viena Capellanes vendía en toda España su famoso pan de gluten especial para diabéticos, realizado según fórmula nº 82.737 bajo supervisión del laboratorio municipal de Madrid. El pan se presentaba en cajas debidamente marcadas con el logo de la empresa y llegaba tanto a Sevilla como a Cuenca, donde se recibía por pedido postal, o a Barcelona, que lo comercializaba en los famosos Colmados Simó, Alemany, Pi y Cia, en la Calle Salmerón.
 
El pan con gluten sigue siendo recomendado hoy en día a los diabéticos. Por cierto, que el primero en utilizar el gluten para la diabetes fue un químico francés, Bouchardat. Las fórmulas, como la del pan de Viena, también viajaban de un lugar a otro.