Memorias del Café Viena

Viena Capellanes es bien conocida en Madrid. Son muchos los capitalinos que saben datos de su historia y de su vinculación con la familia Baroja. Es lógico que se conozcan porque la Empresa se ha encargado bien de guardar celosamente memoria de su pasado y de trasmitirlo.
 
No obstante, hay algo que ya no me parece tan lógico: la escasez de referencias al Café Viena en la literatura encargada de rescatar la historia de los antiguos cafés de Madrid. Con frecuencia oímos hablar del Pombo o leemos artículos sobre El Colonial, el Fornos, el Café de Oriente o El Gijón. Es larga la lista de cafés en los que la bohemia madrileña convivió (cuando no coincidió) con los grandes literatos y tertulianos de la capital entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo XX. El Café Viena en la calle Luisa Fernanda fue uno de los más importantes y no puede quedar fuera de ella.
 
Quizás este olvido al que a veces se ve sometido se deba a que no fue inaugurado hasta 1928 y, en ese sentido, algunos otros cafés como el Varela o el de Levante, mucho más antiguos, le llevan ventaja. Por lo demás, no desmerece a ninguno de los mencionados o a la amplia serie de viejos cafés que proliferaron en aquellos años. El Café Viena fue concebido para albergar largas tertulias. Desde su orígenes, el aromático líquido fue el centro de muchas de ellas y el “echador de café”, que se paseaba cadenciosamente con sendas jarras de café y de leche alrededor de las mesas, escanció sus contenidos en las tazas de Ricardo y Pío Baroja, de Pablo Neruda, de Alejandro Lerroux o de Casares Quiroga. Recientemente se ha publicado un libro (“Salmos del Café Viena. Recuerdo de Pablo Neruda” de Francisco Lucas Sansón en Garaje Ediciones  http://www.sulibroamedida.es/blogueros.html  ) en el que se deja testimonio de algunas de estas tertulias.
 
En las mesas del Café de Viena se celebraron tertulias literarias, políticas y gastronómicas. Hasta hubo reuniones de peñas regionales y vegetarianas y fue centro de referencia de los madrileños y sobre todo de chamberileros hasta que estalló la Guerra Civil. Entonces sufrió muchos desperfectos y luego estuvo cerrado varios años hasta su reapertura. Afortunadamente hoy en día sigue siendo lugar de tertulias, reuniones, espectáculos y celebraciones.
 
Desde 1929 hasta hoy han pasado grandes figuras y cafeteros impenitentes por sus mesas. Por todos ellos hago desde aquí un llamamiento a los amantes de la historia, del café y de las tertulias para que en sus crónicas no olviden la presencia del Café Viena entre los grandes cafés literarios de Madrid.