¡Todos al teatro!
Igual que hoy en día Viena Capellanes procura estar presente en la vida pública madrileña a través de redes sociales como esta, en los años 20 del siglo pasado, cuando internet no era ni tan siquiera ciencia ficción, la empresa compartía los espacios de ocio del foro.
En esa época, el cine todavía no era un espectáculo de masas pero sí lo era el teatro. Por eso, Viena Capellanes se hacía anunciar en los grandes telones del Teatro Apolo. El lugar no podía ser más idóneo, pues cada vez que se echaba el telón –y de manera muy poco subliminal-aparecía en grandes letras el cartel anunciando las delicias de Viena así como dónde podían adquirirse. Apuesto lo que queráis a que buena parte de los espectadores salían de cada representación dispuestos a encaminarse a cualquiera de las doce sucursales que para aquel entonces ya tenía la empresa en la capital, en busca de pasteles, fiambres, dulces y bombones o, en su defecto, de pan de Viena o pan para diabéticos .
Pero Viena Capellanes siempre ha sido generosa. Tanto es así que, en ocasiones, optaba por llevar al propio teatro las más variadas golosinas sin esperar que fuera la clientela quien se acercara a las tiendas. Por ejemplo, en 1935 y con motivo del estreno del sainete “Con las manos en la masa o No hay mal que por bien no venga”, de Marco Davo y de Alfayate, en el Teatro Muños Seca, tuvo la feliz idea de obsequiar a los espectadores con un gran surtido de bocadillos (¡sus famosos bocadillos de jamón, que repartía también de forma gratuita en carnavales!), caramelos y bombones.
Ahora es impensable que alguien saque un bocadillo en el teatro y, por supuesto, no se fuma. Pero afortunadamente todavía no se nos prohíbe reírnos, como hacían los espectadores del sainete, y la oferta de Viena Capellanes sigue siendo tan suculenta como entonces e, incluso, más variada.
No es mal plan para el fin de semana ¿no?: teatro y bocadillos de Viena Capellanes, aunque haya que esperar a la salida para hincarles el diente.
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